No seré yo el que reniege de la concepción de divo que se nos adjudica y es que todos tenemos en nuestro interior un ego. Lo que pasa es que algunos pensamos que somos más altos, más guapos, más rubios y por supuesto tenemos los ojos más azules de lo que los demás piensan. Vamos que como dice Reyes; “Mi marido casi no se quiere, ¿eh?”Si a lo anterior le unimos un proyector, mi mac y 20 personas, tenemos una presentación en toda regla.
Después de 20 años trabajando en RRHH tengo claro 2 cosas:
1.- Que el 90% de nuestro trabajo es Teatro.
2.- Que el otro 10% se tarda en descubrir más de 20 años.
Lo cierto es que esta profesión tiene un componente de exhibicionismo alto y es muy dificil, por no decir imposible, gestionar el cambio desde la retaguardia (aquí abro el debate y espero vuestras opiniones).
El secreto, a mi juicio, está en orientar al grupo sin caer en dirigirles. Me explico. Los de RRHH somos por concepto, de entrada y fin un coste, un departamento de soporte, Overhead. Somos, utilizando el ejemplo de la construcción, el cemento que une los ladrillos de la fachada de la casa. La pregunta es; ¿se puede construir una casa sólo con cemento? Pues va a ser que no, que hace falta algo más . Hacen falta ladrillos.
Los ladrillos son las personas. Por eso se puede decir que la estrategia de una compañía son las personas pero, para que esa estrategia sea sustentable en el tiempo, deben de existir unas políticas de RRHH (un cemento) que las una y cohesione.
Una de las mejores oportunidades para poner cemento en los ladrillos son las convenciones. Como la cosa está malita y el tema de las convenciones, seminarios y retiros está restringido a uno por año (y eso para los que somos afortunados) hemos incluído, y hablo de nuestra experiencia, pequeños seminarios de +/- 30 minutos en las reuniones mensuales de seguimiento y revisión del presupuesto.
Hasta aquí el cómo y ahora para el que todavía conserve las ganas el qué.
Hace un par de semanas me invitaron a un seminario /coloquio / comida en el que tuve la ocasión de charlar con los alumnos de un prestigioso Programa Master. El foro, os podeis imaginar, era de lo más agradecido ya que uno puede decir realmente lo que piensa, sin temor a ser censurado por los “ Mayores” y poner en peligro la “soldada”.
Pues bien, allí estuvimos los 3 que salimos de casa (mi ego, el mono y un servidor) hablando del liderazgo, de cómo yo lo veo y de alguna novedad editorial que ya os traeré a este foro (El Código del Nuevo Líder de Dave Ulrich y otros) cuando surgió el debate sobre la motivación.
Para los alumnos la motivación era responsabilidad directa de la DG (Dirección General) o por delegación, de la Dirección de RRHH. Este postulado , reconozco, que al principio me sorprendió pero según avanzábamos en el debate me llegó incluso a cabrear. Y bastante.
Supongo que será el abismo generacional (20 años en este mundo regido por la información y las NNTT es mucho) pero no puedo disentir más. A mi compañía hay que venir por la mañana duchado, desayunado, cagado (con perdón) y motivado. Además y, esto sólo para el género masculino, afeitado.
Pero ¿qué leches voy yo a motivar a nadie? Demasiado tengo con lo mío, como para encima tener que echarme a la chepa a un señor o a una dama que es que no está motivada. No queridos cantarines, no. Por ahí no. Y no.
Poniéndolo en sencillo. Lo que yo como padre debo hacer, es dar argumentos a mis hijos para que se coman el plato de verduras que tienen en la mesa. Puedo explicarles las bondades de una dieta rica en productos de la huerta, e incluso hacer teatro y contar como el gran Diego Forlan (U-RU-GUA-YO) come a diario como mínimo un plato de espinacas.
También, si la ocasión lo requiere, puedo obligarles a comerlas.
Pero ¿puedo hacer que les guste la verdura? No. Que no, hombre, que no. Que no se puede. Podremos cocinarlas con entusiasmo e incluso con talento o dejarlas que se cuezan en una triste cacerola de agua, pero ahí acaban las posibilidades.
La motivación es algo intríseco a la persona. Yo no puedo motivar a nadie. YO NO SÉ MOTIVAR.
Mi trabajo es hacer teatro o, dicho con otras palabras, crear las condiciones para que tú y tu motivación llegueis juntos cada día a mi Compañía. Y cuando de mañana aparezcais daros la bienvenida, acercaros la silla al escritorio y poneros un vasito de agua fresca por si la sed arrecia.
Hasta ahí. El resto, el quedarte o el irte, es problema únicamente tuyo.
Como decía al principio: “La vida es de los que arriesgan” (Loquillo, 2008).
Posdata: que nadie se asuste que del Atleti hablaremos la próxima semana. Ahora toca reflexionarlo y disfrutarlo que uno no tiene costumbre.
LA VIDA ES DE LOS QUE ARRIESGAN













